Gobierno de Aragón Diputación Provincial de Huesca Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés

Literatura de tradición oral de la Baja Ribagorza


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Censo General del Patrimonio Cultural Aragonés



Bienes inmuebles, muebles e inmateriales declarados Bien de Interés Cultural, Catalogado, Inventariado y Monumento de Interés Local por el Gobierno de Aragón y los ayuntamientos

Destacado


Imagen del bien destacado
Recinto murado - DAROCA (ZARAGOZA)

Símbolo de la población desde el primer asentamiento musulmán (ss. IX-XI), hasta nuestros días. Tiene un tramo urbano y otro que discurre por monte y zona rústica adaptándose a las irregularidades del terreno; en total dispone de un trazado de casi cuatro mil metros. Cruza la carretera nacional en dos sitios y está jalonada con varios restos de torreones defensivos y puntos clave en su construcción, entre otros: Portal de Valencia, Puerta Baja, Puerta del Arrabal, Muro de los Tres Guitarros, Torre del Águila, Castillo de San Cristóbal, Torre del Jaque, Torre de la Sisa, Torre de los Huevos, Puerta Alta, Torre de las Cinco Esquinas, Torre de la Espuela, Muro Redondo, Torre de San Jorge.

Construido con diferentes materiales, destacan especialmente el mampuesto de piedra, el sillar en zonas representativas y el ladrillo. Los ciento catorce torreones que jalonan los lienzos de la muralla vienen determinados por la disposición de potentes estructuras de defensa de planta circular y pentagonal.

Sufrió importantes daños durante la guerra de la Independencia y las guerras carlistas, a partir de las cuales se mantuvo un grado de degradación paulatino que ha ido provocando la desaparición de numerosos elementos defensivos de interés.

No será hasta los años setenta y ochenta cuando la muralla recupere la función representativa de la ciudad y comiencen los trabajos de restauración y recuperación de estructuras.

Entre sus partes destacamos el castillo de San Cristóbal situado en lo alto del cerro de San Cristóbal al noroeste del recinto. Se trata de un pequeño conjunto amurallado que consta de un gran torreón de mampostería con las esquinas reforzadas con sillar de piedra bien escuadrado y acceso en alto, del siglo XIV, y una pequeña torre de mampostería muy deteriorada ubicada en la parte más alta de la cima y que actualmente apenas conserva 2 metros de altura, pudiéndose datar en época musulmana. El torreón de San Cristóbal, conserva en su oratorio, interesantes pinturas murales del siglo XVI bajo una bóveda de medio cañón.

El cerro de San Jorge constituye uno de los límites de la muralla cristiana a partir del siglo XV. El recinto está coronado por la torre de la Espuela o de Cariñena, dotada de espectaculares dimensiones sobre una planta cuadrada construida en sillar. Otro torreón es el torreón de la Pólvora, de planta circular y también construido con sillares, que fue derribado a comienzos del siglo XX. El muro del Palo o Redondo, así llamado por su planta circular, prácticamente desaparecido pues sólo queda su parte inferior (hacia 1900 estaba íntegro), y la torre de San Jorge, de la cual sólo se conserva un mogote de tapial al lado de una construcción de planta cuadrada adosada a la muralla.

La puerta Alta se data durante la ampliación de la muralla en época cristiana. Abre con un arco apuntado en sillares dovelado rematado por el escudo de la ciudad. En el siglo XVIII se dispuso un cuerpo de vigilancia de ladrillo de planta cuadrada. Abría mediante dos arcos apuntados a modo de vanos actualmente cegados.

Tema de la semana


LAS CASAS TORREADAS PIRENAICAS. EL COMPLICADO SIGLO XVI
LAS CASAS TORREADAS PIRENAICAS. EL COMPLICADO SIGLO XVI

En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.







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